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“Conoce los secretos de Popeye”

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Jhon Jairo Velásquez Vásquéz, se llevó a su tumba algunos secretos del capo del Cartel de Medellín. Pero en vida no ahorró escabrosos detalles sobre los gustos de su “patroncito” en lo cotidiano, el sexo con sus amantes, el dinero y los atroces crímenes. El día que el capo le ordenó matar a la reina de belleza.

«El Patrón sólo tuvo tres amantes. Las demás fueron mujeres de paso, hembras para una noche o un fin de semana. Por su cama gatearon desnudas reinas de belleza, modelos, presentadoras de televisión, deportistas, colegialas y mujeres del montón… Eso sí, todas hermosas».

Para relajarse el zar de la droga le daba dos o tres pitadas a un cigarrillo de marihuana. Nunca probó la cocaína: ese era su negocio, no su vicio. Y tomaba solo alguna cervecita: jamás se emborrachó: «Cuando estábamos presos en La Catedral, las mujeres de la mafia llegaban y él compartía un rato con sus amigos o con nosotros, pero luego escogía a la mejor y se la llevaba para el cuarto»

«Popeye» contó que su jefe le ordenó asesinar a por lo menos 18 antiguos socios que pertenecían a distintas instituciones del Estado colombiano, porque descubrió que eran informantes o conspiradores contra el Cártel de Medellín.

Popeye decía no saber qué había ocurrido con la fortuna de Escobar. “Tenía propiedades, oro, obras de arte, pero no sé que pasó con eso”. Reveló que él pudo vivir sin sobresaltos “como para llenar mi nevera con un queso rico”, con la plata de “una caleta muy buena y escondida” que guardaba el dinero que le había quedado.

Aseguró que seguía amando a su jefe: “Me siento muy orgulloso de haber trabajado para él. No me siento orgulloso ya de los crímenes, pero fue una guerra donde Pablo gastó 500 millones de dólares y donde a nosotros también nos mataban amigos y familia. Yo enterré a mi Patrón”.

Recordó también el día que visitó la tumba del capo del cartel de Medellín. “Yo he ido a la tumba del Patrón, la lápida era sencilla. El quería que dijera ‘aquí yace Pablo Escobar Gaviria: Fui todo lo que quise ser, un bandido’. Pero allí no dice eso”

El jefe de sicarios de Escobar no temía a la muerte. Lo decía de esta manera: “Hay un disco en Antoioquia que dice que es lo mismo morir tarde que temprano. Yo quisiera disfrutar más, pero ya con lo que he disfrutado mucho y estoy contento”.

También creía que había “un tiempo para matar, un tiempo para arrepentirse, un tiempo para pagar y un tiempo para volver a la sociedad». Aseguraba que en sus años de libertad había buscado reinsertarse en esa sociedad que jamás le iba a perdonar sus atroces crímenes. “Los hombres nunca perdonan, Dios siempre perdona”, justificaba el horror.

“No hay bandido mejor preparado en la República de Colombia que yo”, se jactaba. En la prisión su numero fue 007. John Jario Velásquez Vásquez tenía un brutal conclusión sobre la vida de los sicarios: “Los bandidos tenemos dos lugares donde nos encontramos, la cárcel y la morgue. Ahí llegamos todos”

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