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la jefa de la oposición, María Fernanda Cabal, ¿por que la llaman asi?

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la senadora María Fernanda Cabal se va de frente, sin censura, contra el presidente Gustavo Petro y su Gobierno.

MARÍA FERNANDA CABAL: (Risas) Bueno, es una aventura, una dimensión desconocida. Todo es incierto. Para quienes aún aspiran a la idea de que de pronto no es tan malo, es muy malo. Los anticipos nos demuestran que va a ser demasiado malo.

V.D.: No van ni 15 días de Petro como presidente. ¿No es temprano para juzgarlo?

 

M.C.: Al contrario. Estoy sorprendida con la velocidad de las decisiones trascendentales en cuanto a la destrucción, por ejemplo, de la estructura militar, policial y de la fuerza pública en general. Muy rápido se sentó a descabezar la experiencia de los generales. No hay cómo cuantificar eso. En términos de seguridad nacional e individual, como ciudadanos, es demasiado peligroso y más en este momento bajo la amenaza de la guerra de Ucrania, con Irán en la frontera con Venezuela y lo que significa Rusia.

Tenemos a un presidente que, además, nombra a unos ministros que son de la vieja guardia comunista. Tenía que poner gente competente, no la que vive en un universo imaginario. Finalmente, sus ausencias son grotescas. Los mandatarios deben tener un formalismo, así no le guste a Petro, porque son la imagen de un país. Un presidente que deja plantada a la cúpula que está entrando y que cancela la posesión de sus ministros deja mucho qué desear. Hay muchos cuestionamientos.

V.D.: ¿Cómo ve la relación del presidente Petro con la cúpula militar y, en general, con la fuerza pública?

M.C.: La veo muy mala. Si de entrada va a reclutar personajes que han pertenecido a la fuerza pública y que hoy son famosos por denigrar de esas fuerzas en redes sociales, está siendo no solo descortés, sino inhumano, usando esa palabra que le gusta tanto a él, “humano”, que es lo más divertido, ¿no? Todos los que han trasegado por la violencia ahora son los dueños del humanismo y de la paz. Esa es parte de su distorsión mental porque creo que muchos de ellos no son normales.

V.D.: Para usted, ¿cuáles son las consecuencias de la barrida de generales?

M.C.: La lectura que le doy es que no solo desarticulan la capacidad de respuesta de uno de los mejores ejércitos del mundo, que tiene que trabajar de la mano con la Policía, sino que queda en pañales. Aquí hay trayectoria, Vicky, antigüedad y honor militar y policial, que es lo que no conoce Petro. Eso pone en malas condiciones a la fuerza pública. Y si remata con que en el cambio de mando el señor no aparece, pues es terrible. Deberíamos hacer un paralelo entre Boric, que a veces llega borracho, como drogado, el del sombrerón de Perú, que es otra vergüenza, y no creo que dure por lo corrupto que es, y Petro. ¿Cuál ha destruido más rápido a su país y cuál va a salir primero?

V.D.: ¿Qué razones podría tener Petro como presidente para hacerles algo malo a las Fuerzas Armadas y no para mejorarlas, como él ha dicho?

M.C.: ¿Qué ha hecho Petro a lo largo de su vida? Ni siquiera creo que haya sido un buen guerrillero, por lo menos así lo definen algunos de sus compañeros y de sus mandos. Lo que sí ha sido es un gran mentiroso, con una capacidad de crear imaginarios. Lo vi en la Comisión Primera, cuatro años lo tuve en frente. A él nunca le importó lo que se debatía, iba con una agenda propia para sus seguidores radicales, hipnotizados, ingenuos y una masa llena de lo que se llama la imbecilidad colectiva, tristemente, y la imbecilidad juvenil, llena de odio, resentimiento y con una inmensa arrogancia. Creen que saben lo que no saben y que su receta es buena. En términos prácticos, no me genera ninguna confianza alguien que no haya ni siquiera administrado una tienda o que no haya vendido un chicle.

Petro no ha pagado una nómina en su vida, hace parte del establecimiento político colombiano. Al igual que los conservadores y liberales, lleva años pelechando y vampirizando, viviendo del Estado. No es ninguna maravilla. Al contrario, genera temor, porque quienes lo quisieron y lo padecieron después en la Alcaldía hablan muy mal de él. Dicen que es desleal, que no es una persona que tenga una constante en sus convicciones (a veces sí, a veces no), es terriblemente variable. Si ya lo vivimos en la Alcaldía, imagínese lo que le depara a este pobre país.

V.D.: El presidente Petro dijo que tuvo “un profundo dolor de estómago” y que por eso no asistió a la transmisión de mando y reconocimiento de las tropas. Palacio había dicho el día anterior que estaba en una reunión urgente de Gobierno.

M.C.: ¿Pero y con los alcaldes también le dio dolor de estómago cuando no llegó? O sea, si su problema es de salud, su médico oficial tiene la obligación de contarle al país cuál es su situación. Él es el presidente. Si es por otra cosa, me parece que igualmente genera suspicacia y desconfianza frente al mandatario. Le recomendaría menos brujería porque de pronto eso lo tiene enfermo.

V.D.: ¿Qué opina del trino que puso el presidente, diciendo que los militares y policías tendrán que responder con sus hojas de vida por las masacres?

M.C.: ¿Y por qué mejor no ataca directamente la producción de coca en toda su cadena para evitar que esta gasolina de la muerte genere todo tipo de violencias? Está haciendo una lectura incorrecta. Él no tiene, primero, por qué violar la presunción de inocencia de quienes están en las brigadas o en los batallones. Segundo, si ese es un problema que se viene repitiendo en las regiones donde él ganó, debería ser honesto con Colombia y con el mundo y decir que el problema es el narcotráfico, la coca.

A eso se le suma que quiere acabar con el servicio militar obligatorio y convertir a los campesinos en una guardia indígena. Esa ha sido una obsesión del comunista. Él te habla de paz, pero les da un palo a los campesinos. Esa obsesión de controlar y dar palo, pero no les gusta el Esmad cuando queman policías o TransMilenio, ¿no? Entonces la anarquía para la autoridad legítima y la imposición de unas nuevas autoridades ilegítimas en los territorios. Eso es lo que van a hacer con Colombia.

V.D.: ¿Está de acuerdo con los diálogos regionales?

M.C.: Donde hay coca, donde hay minería ilegal, donde ganó Petro, se van a generar diálogos regionales incluyentes donde el vocero va a ser un supuesto campesino que encima tiene al cartel de Sinaloa y a toda una comunidad esclavizada. El que no quiera sembrar coca, lo asesinan o se tiene que desplazar. Igual harán en el Pacífico con los colectivos de las comunidades negras. Al que no le guste, se va o se muere. Si usted ve, el comunista desarma al ciudadano que tiene su vida en riesgo, que puede ser secuestrado, en fin, que lo pueden atracar, a ese lo desarman. Pero, por el contrario, te arman en las regiones y te arman en las ciudades unas milicias como los colectivos chavistas o lo que tiene Cuba que se llama ‘Guardianes de la revolución’. O los mismos iraníes que usan los mismos métodos. También se llaman ‘Guardianes de la revolución’, de los ayatolas iraníes. Entonces eso hay que analizarlo porque es una forma de tener control territorial y poblacional, subvirtiendo el orden legítimo institucional e imponiendo un orden anarquista donde ellos son los que dominan.

V.D.: Todavía hay algunos que en redes que hablan de golpe de Estado. ¿Eso es posible en Colombia?

M.C.: No creo que un Ejército, que ha sido de tradición civilista, dé un golpe de Estado. No lo creería, no lo veo probable. Lo que sí debemos es sumarnos todos a defender la libertad de este país.

V.D.: ¿Usted por qué les hizo un llamado a los 52 militares que salieron en la barrida del Gobierno Petro?. Los quiere a su lado. ¿Para qué y por qué?

M.C.: Porque Colombia está en peligro.

V.D.: ¿Qué viene para los militares y los policías?

M.C.: Como es el desayuno, es el almuerzo. ¿Qué viene? Destruir el mando es dar un mensaje de que no le interesa mantener los pilares que sostienen la jerarquía militar y policial. Es terriblemente grave. Petro está intentando desvertebrar completamente la capacidad de respuesta a través de inteligencia de la Policía, que también alimenta a las Fuerzas Militares.

V.D.: ¿Para qué?

M.C.: Para debilitarnos.

V.D.: ¿Cómo así?

M.C.: Para debilitar a Colombia. Acuérdese que ellos tienen el sueño bolivariano. En esa psicopatía revolucionaria, en esa izquierdopatía, son izquierdópatas, es una personalidad enferma. Creen que tienen el derecho a controlarle la vida a todo el mundo. Son igualitos a las monarquías medievales europeas. Tienen vasallos. Si usted se da cuenta, esa es la misma estructura de la guerrilla, tener un secretariado intocable, a quienes se les tenía que consultar las grandes acciones criminales. Tenían esclavos y esclavas sexuales, porque también hay homosexualidad en la guerrilla. El resto es una masa que sirve por temor a ser fusilada o aniquilada. Y con una personalidad como la de Petro. Acuérdese que él fue muy cercano a Chávez. Llegué a pensar que era alumno y hoy pienso que fue maestro de Chávez para el mal. Ellos sueñan con la Gran Colombia, con ese espíritu de Bolívar. Eso, para mí, no es otra cosa que un problema mental.

Entonces, la Gran Colombia es lo que ellos pretenden construir sin fronteras. Por eso no es extraño que no le importe a Petro y simplemente no diga nada del régimen genocida de Maduro. Tanto que habló de violación a los derechos humanos y señaló al Ejército y a la Policía de violadores, y ahora restablece relaciones con Nicaragua y además nombra embajadores, todos con investigaciones en la Corte. Es decir, él no le teme ni siquiera a eso, no hay pudor. Es un todopoderoso, un emperador.

¿Qué tal cuando la ministra de Minas dice que es mejor no explorar más y traer gas de Venezuela? Al depender, estamos entregando recursos estratégicos de supervivencia de una nación. Para mí es claro, es el sueño bolivariano, borran la línea del Catatumbo. Donde está libre el que siembre marihuana y, seguramente, el que siembre la coca. Eso sí, el azúcar es mala, la coca no.

V.D.: ¿Por qué es inconveniente restablecer relaciones con Nicolás Maduro?

M.C.: Cuando usted abre una relación formal, legitima la barbarie de un régimen genocida como el de Maduro. Usted les está dando un golpe a todas las convenciones internacionales de derechos humanos que ha firmado como país, y a la misma Carta Democrática y a la Convención Americana que tanto se les hacía agua la boca a todos los mamertos oenegeros, amigos activistas de Petro, para condenar militares o policías o al Estado colombiano. Pero no les impide reconocer a un régimen salvaje como el de Maduro o el de Ortega, a quien se le corrió la teja del totazo. Allí ya no resiste que ni hagan misa. Sus 30 opositores están presos. No veo al mundo rasgándose las vestiduras ni a los demócratas gringos firmando nada. Bueno, esa es la misma receta que nos espera en Colombia. Es que Petro no es diferente. Puede ser igual o peor, porque tenemos 300.000 hectáreas de coca.

V.D.: ¿Petro puede ser igual o peor que Maduro y Ortega?

M.C.: Claro. Petro viene de una carrera en la guerrilla, fue miembro de uno de los grupos criminales que más violencia ha generado en Colombia. El problema es quién escribe la historia del país. En el M-19 se disfrazaron como si fueran unos universitarios revolucionarios de clase media. Falso. El vientre que produjo las guerrillas y el gran laboratorio experimental se llaman las Farc. Por eso todos salen de ahí. Por eso los grandes comandantes del M-19 vienen de las Farc. Ellos terminaron quemando vivos a los magistrados del Palacio de Justicia. En un país sin memoria, tenemos hoy, como digo yo, al general que nos defendió, Arias Cabrales, de 90 años, preso por un tribunal diseñado a la medida de las Farc. Un tribunal que no permite que las víctimas pregunten a los victimarios, pero sí termina quitándole la libertad a un hombre bueno, que es el general Arias, y termina habilitando, a través de amnistías e indultos, a un candidato que termina siendo presidente de Colombia, como Petro.

V.D.: Para el Gobierno colombiano, Maduro es el presidente democrático de Venezuela. ¿Y para usted?

M.C.: Es un usurpador que se ha robado consecutivamente las elecciones de su país. Un genocida. Maduro no tiene competencia para ser presidente de nada, como no la tienen Boric, Castillo ni Petro. Son personas que han vivido de la fantasía revolucionaria para llegar al poder. Ahí son capaces de todo, menos de la prosperidad de sus ciudadanos. Sus promesas se vuelven humo. La gente rápidamente se desilusiona, pero ellos empiezan a tener el control. Ahí es donde está lo peligroso. ¿Quién en el mando va a copiarle a Petro para empezar a hacer barbaridades? Ya nombró un ministro de Defensa que viene echado de Guatemala, de ser un perseguidor político y de no darle garantías judiciales a ningún empresario por presunción de culpabilidad y no de inocencia. ¿Vamos a vivir la misma dosis?

V.D.: En la OEA, Colombia se ausentó cuando se dio una votación para rechazar lo que hace Ortega en Nicaragua. ¿Qué significa eso?

M.C.: No debió ausentarse, en absoluto.

V.D.: ¿Eso nos hace cómplices?

M.C.: Totalmente. Lo que está haciendo su embajador Luis Ernesto Vargas en la OEA es simplemente ser cómplice de actuaciones criminales de un bárbaro como Ortega. Estamos involucionando. Lo que conseguimos en libertades parece que se nos olvidó. Ahora vamos a la tiranía disfrazada de vivir sabroso, disfrazada de bienestar. Creo que fue Petro el que le dio la orden a ese embajador. Tuvo que haber habido una decisión de Petro o de los jefes de Petro. Acordémonos que Petro tiene jefes como Maduro, Ortega, la Kirchner y Boric. Los jefes son Irán, Rusia y seguramente China.

V.D.: ¿Qué significado tuvo para usted lo que ocurrió con la espada de Bolívar durante la posesión del presidente Petro?

M.C.: Es el mismo frenesí psiquiátrico del izquierdópata. Ellos se creen Bolívar, pero además no sé por qué les produce ese éxtasis. No lo entiendo. No son conscientes de que lo que han hecho es un delito. Han asesinado, no hay muertes que se justifiquen, salvo que “usted me iba a matar a mí y me tocó matarlo”. Por eso, esta aventura revolucionaria, la espada y toda esa simbología. A los fachos, a los comunistas, a los nazis les encantan los símbolos, siempre marcan las cosas, es parte de su vicio. Esa espada es diciendo: “Aquí estoy, aquí lo logré, soy la reencarnación de Bolívar”. Lo mismo sentía Chávez. Ojo. Pobres nosotros terminar con una personalidad así gobernando un país.

V.D.: (Risas) ¿Pase lo que pase va a seguir hablando?

M.C.: Bueno, que nos dejen estar vivos, ¿no?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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