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Una prolongada sequía afecta a gran parte de países europeos

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El verano está haciendo estragos. El mes de julio de 2022 fue el más seco en 137 años, con solo cinco milímetros de agua caída, por ejemplo, en Bruselas.

Las temperaturas llegarán hasta los 35 grados el próximo domingo en Bélgica, país que ha entrado oficialmente en su primera ola de calor de un verano dominado ya por una prolongada sequía, que ha llevado a las autoridades a proyectar nuevos depósitos de agua potable para prepararse para el futuro.

«Esta semana será la más calurosa de 2022», ha advertido en Twitter el director de previsiones del Instituto Real de Meteorología (IRM) de Bélgica, David Dehenauw, después de que se hayan cumplido ya los requisitos para que ese organismo califique como ola de calor las temperaturas: máximas de al menos 25 grados durante cinco días consecutivos y alcanzar los 30 en tres de ellos.

Aunque los termómetros rozan niveles de récord absoluto cercanos al máximo en la estación de referencia de Uccle de 39,9 °C en 2019, cuando los termómetros llegaron a marcar hasta 40,6 en la localidad de Kleine-Brogel, la circunstancia meteorológica que más llama la atención este año es la falta de agua de lluvia, en un país donde es parte indisociable del paisaje y del imaginario colectivo.

«La sequía vuelve el suelo de Bélgica más amarillo y eso se ve desde el espacio», titula este lunes un artículo de la web de la radiotelevisión pública RTBF que ilustra el fenómeno de la falta de agua, que arroja los peores registros desde la gran sequía de 1976, que marcó a una generación de agricultores belgas.

Ya la primavera de 2022 fue particularmente seca, con solo un tercio de las precipitaciones respecto a la media histórica, y en junio, pese a que llovió un poco, se contabilizaron 16 días en los que el termómetro superó los 30 grados, un hito con posibilidades de repetirse una vez cada 400 años, según el IRM.

Pero el verano está haciendo estragos: el mes de julio de 2022 fue el más seco en 137 años, con sólo cinco milímetros de agua caída en Bruselas frente a los 76,9 de media histórica y cifras que obligan a buscar referencias en 1885. Desde entonces, ningún mes de julio había sido tan seco y solo en 1922 se igualó ese registro.

Una docena de municipios de la región belga de Valonia, como Léglise o Saint-Hubert, restringen ya el consumo de agua, al igual que en países como Francia o España, mediterráneos y más calurosos que Bélgica.

La escasez de lluvia en esa región contrasta con las históricas inundaciones que sufrió en 2021, cuando las crecidas de los ríos en julio acabaron con la vida de 39 personas en la mayor catástrofe natural de la historia de Bélgica.

La comunidad científica asegura que estos fenómenos son consecuencia del cambio climático, provocado por la acumulación de CO2 en la atmósfera como consecuencia de la actividad humana, y avisa de que calor y sequía es una combinación peligrosa.

«Aumenta el riesgo de incendios forestales, un fenómeno para el que Bélgica no está suficientemente preparada», explica en el diario Le Soir el profesor de climatología de la Universidad Católica de Lovaina, Xavier Fettweis.

Flandes ha prohibido de forma permanente fumar o encender hogueras en bosques y parques naturales, una norma que hasta ahora se aplicaba sólo en casos de alerta, y se prepara para un futuro con más episodios de sequía.

 

 

 

 

 

 

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